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La vid (Vitis vinifera L.) es una especie leñosa de la familia Vitaceae, originaria de la región del Cáucaso y del Creciente Fértil, donde fue domesticada hace más de 7000 años. Es actualmente la principal especie vitícola a nivel mundial, base de la producción de uvas para vino, mesa y pasa. En Portugal, se encuentra ampliamente distribuida en todas las regiones vitivinícolas, con una gran diversidad de variedades autóctonas.
La viña es uno de los cultivos agrícolas de mayor valor económico global, que sostiene las industrias del vino, la uva de mesa, la uva pasa y derivados. En Portugal, representa un sector estratégico, con un fuerte impacto económico, social y cultural. La viticultura nacional destaca por la diversidad de variedades, la calidad de los vinos y la importancia de las Denominaciones de Origen Protegida (DOP). El cultivo contribuye además a la fijación de carbono, la conservación del paisaje y el mantenimiento de sistemas agrícolas tradicionales.
La vid es una planta trepadora, con sarmientos leñosos y zarcillos opuestos a las hojas. Las hojas son palmeadas, con 3–5 lóbulos y margen aserrado. Las inflorescencias son panículas compuestas, con flores pequeñas y hermafroditas. El fruto es una baya (uva), con epidermis fina, pulpa jugosa y semillas (o apirenas en cultivares específicos). El sistema radicular es profundo y ramificado, lo que confiere una buena exploración del suelo. El ciclo vegetativo incluye brotación, floración, cuajado, envero y maduración.
La vid se adapta a climas templados y mediterráneos, con elevada tolerancia a la sequía estival. Prefiere suelos bien drenados, de textura media, con un pH entre 6,0 y 7,5. Tolera suelos pobres, siempre que no estén encharcados. La calidad de la uva está fuertemente influenciada por la radiación solar, la amplitud térmica y la disponibilidad hídrica moderada. El exceso de vigor, asociado a suelos fértiles o a un riego excesivo, reduce la calidad del fruto.
La gestión de la viña se basa en la elección de portainjertos adaptados al suelo y resistentes a la filoxera. La poda de invierno y la poda en verde regulan el vigor y la producción. El control del mildiu y el oídio es esencial, especialmente en regiones húmedas. La gestión de la vegetación (deshojado, despunte, aclareo de racimos) mejora la ventilación y la calidad de los racimos. La monitorización de Lobesia botrana, Criptoblabes gnidiella y Scaphoideus titanus es crítica para prevenir daños y enfermedades asociadas. El riego debe ser moderado y ajustado al objetivo productivo. La cosecha se realiza cuando la uva alcanza la maduración tecnológica y fenólica adecuada al tipo de vino o destino comercial.
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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