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El pepino (Cucumis sativus L.) es una especie hortícola anual de la familia Cucurbitaceae, originaria de la región del Himalaya y del norte de la India. El cultivo se difundió ampliamente por Asia y Europa, siendo actualmente cultivado en todo el mundo, tanto en campo abierto como en invernaderos. En Portugal, es una de las principales hortalizas de invernadero.
El pepino es un cultivo de elevada importancia comercial, destacando por su producción continua, la elevada demanda en el mercado fresco y su fuerte presencia en las cadenas de distribución. En invernadero, permite cosechas prolongadas y elevada productividad. También se utiliza en la industria de conservas (encurtidos). El cultivo tiene una relevancia económica significativa en regiones productoras como el Algarve, el Oeste y el Ribatejo.
Planta anual, herbácea, de hábito rastrero o trepador, con zarcillos y crecimiento vigoroso. Las hojas son grandes, palmadas y pubescentes. Las flores son amarillas, unisexuales, con predominio de flores masculinas en las fases iniciales. Los frutos son alargados, de color verde, pudiendo variar en tamaño y textura según el cultivar. El sistema radicular es superficial, exigiendo un riego frecuente.
El pepino es un cultivo de clima caluroso, con temperaturas ideales entre 22–28 °C. Es sensible al frío, sobre todo por debajo de 12 °C. Prefiere suelos ligeros, bien drenados, ricos en materia orgánica, con pH entre 6,0 y 7,0. El cultivo exige una elevada disponibilidad hídrica y una fertilización equilibrada, con énfasis en nitrógeno, potasio y calcio. La humedad relativa elevada favorece el desarrollo vegetativo, pero también aumenta el riesgo de enfermedades fúngicas.
La gestión del pepino incluye la utilización de cultivares resistentes a enfermedades, la conducción vertical en invernadero, una ventilación adecuada y un riego frecuente pero controlado. La fertilización debe ser equilibrada, evitando excesos de nitrógeno que favorecen las enfermedades. El control de plagas como la mosca blanca, los pulgones y los ácaros es esencial para evitar pérdidas significativas. La cosecha se realiza de forma continua, cuando los frutos alcanzan el tamaño comercial deseado, evitando la sobremaduración.
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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