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El granado (Punica granatum L.) es una especie arbustiva o arbórea de pequeño porte perteneciente a la familia Lythraceae. Se cultiva principalmente por sus frutos (granadas), apreciados tanto para consumo fresco como para procesamiento. La especie tiene origen en la región que se extiende desde Irán hasta el Norte de la India, habiéndose difundido desde la Antigüedad por toda la cuenca mediterránea, donde se adaptó de forma excelente a climas cálidos y secos.
El granado posee creciente relevancia económica debido a la valorización de sus frutos en el mercado fresco y en la industria de zumos, jarabes, extractos antioxidantes y productos nutracéuticos. El fruto es reconocido por el elevado contenido de compuestos bioactivos, como antocianinas, taninos y ácidos fenólicos. El cultivo presenta buena tolerancia a la sequía, baja exigencia nutricional y elevada longevidad, siendo adecuado para regiones mediterráneas y semiáridas. El aumento de la demanda internacional ha impulsado nuevas plantaciones comerciales.
El granado es un arbusto o pequeño árbol que puede alcanzar de 2 a 5 metros de altura, con ramas rígidas, frecuentemente espinosas. Las hojas son opuestas, simples, brillantes y de forma elíptica a lanceolada. Las flores, de coloración roja intensa, son solitarias o agrupadas, con cáliz carnoso y pétalos delicados, presentando tanto flores fértiles como estériles. El fruto es una baya especial denominada balaústa, de cáscara coriácea y gruesa, conteniendo numerosas semillas envueltas por arilos suculentos y translúcidos, cuyo color varía del blanco al rojo‑oscuro. El sistema radicular es profundo y bien adaptado a condiciones de sequía.
El granado se adapta bien a climas mediterráneos, caracterizados por veranos cálidos y secos e inviernos suaves. Tolera temperaturas elevadas durante el verano, esenciales para la coloración y calidad de los arilos, pero es sensible a heladas severas, sobre todo en fases jóvenes. Prefiere suelos bien drenados, de textura media, pudiendo desarrollarse en suelos relativamente pobres, siempre que no estén sujetos a encharcamiento. El pH ideal se sitúa entre 5,5 y 7,5. El cultivo presenta buena resistencia a la sequía, aunque el riego controlado mejora significativamente el calibre y la calidad de los frutos.
La gestión del granado se basa en prácticas que promueven buena ventilación de la copa, control del vigor y fructificación equilibrada. La poda es esencial para renovar ramas fructíferas y facilitar la penetración de luz. El riego deficitario controlado puede utilizarse para mejorar la calidad de los arilos, siempre que no comprometa el calibre. El control de plagas como cochinillas y polilla de la granada requiere monitoreo regular y medidas integradas. La cosecha debe realizarse cuando los frutos alcanzan coloración y firmeza adecuadas, evitando daños mecánicos que favorezcan podredumbres.
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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