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El maíz (Zea mays L.) es un cereal de la familia Poaceae, originario de Mesoamérica, donde fue domesticado hace cerca de 9 000 años a partir del teosinte (Zea mays ssp. parviglumis Iltis & Doebley). El cultivo se difundió ampliamente tras la expansión europea, convirtiéndose en uno de los cereales más cultivados a nivel mundial. Actualmente se produce en regiones tropicales, subtropicales y templadas, gracias a la gran diversidad genética existente entre variedades e híbridos.
El maíz es el cereal de mayor producción global, con usos en la alimentación animal (pienso, ensilado), la industria alimentaria (almidones, harinas, aceites, jarabes), biocombustibles (etanol) y consumo humano directo (maíz dulce, harina de maíz). En Portugal integra sistemas de producción intensivos y extensivos, siendo relevante para la producción de ensilado en explotaciones ganaderas. A nivel internacional, destaca por su elevada productividad, versatilidad industrial e importancia estratégica en la seguridad alimentaria.
Planta anual, de porte erecto, con tallos robustos que pueden alcanzar 1,5–4 m de altura. Las hojas son largas y lanceoladas, con vaina que envuelve el tallo. La inflorescencia masculina (penácho) se localiza en la parte superior de la planta, mientras que la inflorescencia femenina (mazorca) surge en las axilas de las hojas, presentando estigmas largos y filamentosos. La polinización es predominantemente anemófila. El grano es una cariopsis, con gran variabilidad morfológica entre tipos varietales, incluyendo maíz dentado, duro, dulce y palomero.
El maíz se adapta bien a climas cálidos, exigiendo temperaturas elevadas para la germinación y el desarrollo. Prefiere suelos profundos, fértiles y bien drenados, con pH entre 5,5 y 7,5. Presenta elevadas necesidades hídricas, sobre todo entre la floración y el llenado del grano, siendo sensible a déficits hídricos prolongados. Responde de forma marcada a la fertilización, especialmente al nitrógeno, y se beneficia de una buena disponibilidad de materia orgánica.
La gestión incluye la elección de híbridos adaptados al ciclo y condiciones locales, siembra en época adecuada y utilización de semilla certificada. El control de malas hierbas es esencial en las primeras semanas, dada la baja competitividad inicial del cultivo. La fertilización debe ser equilibrada, con atención especial al nitrógeno. El riego debe evitar el estrés hídrico en la floración y el llenado del grano. El maíz se utiliza también en rotaciones para la mejora de la estructura del suelo y la reducción de la presión de plagas y enfermedades. La cosecha ocurre cuando el grano alcanza el contenido de humedad adecuado al destino (ensilado o grano seco).
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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