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El sorgo [Sorghum bicolor (L.) Moench] es una gramínea anual de la familia Poaceae, cultivada para la producción de grano, forraje, ensilado y biomasa. La especie tiene origen en el Nordeste de África, donde fue domesticada hace más de 5 000 años, diseminándose posteriormente hacia regiones tropicales y subtropicales. Es actualmente uno de los principales cultivos cerealíferos en ambientes semiáridos debido a su elevada tolerancia a la sequía.
El sorgo se utiliza para alimentación humana, producción de piensos, ensilado, forraje verde y como materia prima para bioenergía. El grano es rico en almidón y presenta buena digestibilidad, siendo importante en sistemas agrícolas de bajos recursos hídricos. En regiones mediterráneas, el sorgo ha ganado relevancia como alternativa al maíz en condiciones de escasez de agua. Algunas variedades se utilizan en la producción de jarabe, bebidas fermentadas y productos industriales.
El sorgo es una planta anual de porte variable (1–4 m), con tallo erecto y robusto. Las hojas son anchas, alternas, con lígula membranosa. La inflorescencia es una panícula terminal, cuya forma varía entre compacta y abierta, dependiendo del cultivar. Los granos son pequeños, globosos, de color variable (blanco, amarillo, rojo, castaño). El sistema radicular es profundo y altamente eficiente en la explotación de agua, confiriendo gran resistencia al estrés hídrico.
El sorgo se adapta a climas calurosos y secos, con temperaturas óptimas entre 25 y 30 °C. Es uno de los cultivos cerealíferos más tolerantes a la sequía y al calor. Prefiere suelos bien drenados, de textura media, con pH entre 5,5 y 7,5. Tolera suelos moderadamente salinos y condiciones de baja fertilidad mejor que el maíz. El cultivo responde bien a la fertilización nitrogenada y al control de malas hierbas en las fases iniciales.
La gestión del sorgo se basa en la elección de cultivares adaptados al ciclo y a las condiciones climáticas locales, en la instalación en suelos bien drenados y en el control riguroso de malas hierbas en las fases iniciales. La fertilización debe ser equilibrada, con atención al nitrógeno y al potasio. La monitorización de orugas, pulgones y mildiu es esencial, especialmente en períodos de calor y humedad. La rotación de cultivos reduce la presión de enfermedades del suelo y de plagas específicas. La cosecha debe realizarse cuando los granos alcanzan la maduración fisiológica y humedad adecuada para el almacenamiento.
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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