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El trébol forrajero (Trifolium spp.) incluye diversas especies leguminosas herbáceas de la familia Fabaceae, ampliamente distribuidas por Europa, Asia y regiones templadas de otros continentes. En Portugal, las especies más utilizadas en sistemas forrajeros incluyen Trifolium repens L., Trifolium pratense L., Trifolium subterraneum L. y Trifolium incarnatum L. Se emplean en pastos permanentes, prados temporales y sistemas de rotación, valoradas por la capacidad de fijación biológica de nitrógeno.
El trébol forrajero es fundamental en sistemas ganaderos extensivos y semiintensivos, contribuyendo a la productividad de los pastos, la mejora de la fertilidad del suelo y la reducción de la necesidad de fertilización nitrogenada. Las especies de trébol presentan elevado valor nutritivo, buena palatabilidad y capacidad de persistencia en mezclas pratenses. Son ampliamente utilizadas en pastos mediterráneos, prados de secano y sistemas de producción ecológica.
Las plantas de Trifolium spp. son herbáceas, anuales o perennes, con hojas trifoliadas características. Las inflorescencias son capítulos globosos u ovoides, con flores de coloración variable (blanca, rosa, púrpura o roja). El sistema radicular es pivotante o fasciculado, dependiendo de la especie, con nódulos simbióticos de Rhizobium spp. responsables de la fijación de nitrógeno atmosférico. La producción de semillas varía entre especies y se ve influida por las condiciones climáticas y las prácticas de manejo.
El trébol se adapta a climas templados y mediterráneos, con buena tolerancia al frío y sensibilidad a sequías prolongadas (excepto especies anuales mediterráneas como T. subterraneum). Prefiere suelos bien drenados, con pH entre 5,5 y 7,0, ricos en fósforo y potasio. La productividad se ve favorecida por una precipitación otoño‑invernal adecuada y temperaturas moderadas. La competencia con gramíneas debe equilibrarse para maximizar la persistencia.
La gestión del trébol forrajero se basa en la selección de especies y cultivares adaptados al clima y al sistema de pastoreo. La inoculación con cepas adecuadas de Rhizobium spp. mejora la fijación de nitrógeno. La rotación de cultivos reduce la presión de enfermedades del suelo. El pastoreo debe controlarse para evitar el sobrepastoreo y permitir la recuperación vegetativa. La fertilización fosfatada y potásica es esencial para mantener la productividad. La cosecha para heno o ensilado debe ocurrir al inicio de la floración para maximizar la calidad.
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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