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La palmera canaria (Phoenix canariensis Chabaud) es una especie arbórea de la familia Arecaceae, endémica de las Islas Canarias. Ha sido ampliamente difundida como especie ornamental en regiones de clima mediterráneo y subtropical, incluida la Portugal continental, donde es común en jardines, espacios públicos y alineaciones urbanas.
La especie tiene una elevada importancia ornamental debido a su porte majestuoso, su resistencia relativa a la sequía y su adaptación a diversos tipos de suelo. Se utiliza en paisajismo urbano, turismo y valorización estética de espacios exteriores. Su relevancia económica se ha visto condicionada por la diseminación del picudo rojo de la palmera, que ha aumentado los costes de mantenimiento y protección fitosanitaria.
Árbol monocotiledóneo de gran porte, que puede alcanzar 15–20 m de altura. El estipe es único, robusto, cubierto por restos de bases foliares. Las hojas son pinnadas, arqueadas, de 4–6 m de longitud, formando una copa densa. Las inflorescencias son grandes panículas protegidas por espatas, con flores unisexuales. El fruto es una drupa ovoide, de color anaranjado a marrón cuando madura. La especie presenta un crecimiento lento a moderado.
La palmera canaria se adapta bien a climas mediterráneos, tolerando veranos calurosos y secos e inviernos suaves. Prefiere suelos bien drenados, de textura franca a franco-arenosa, con pH entre 6,0 y 7,5. Tolera cierta salinidad y vientos marítimos. Es sensible al encharcamiento prolongado y a las heladas intensas, sobre todo en fases jóvenes.
La gestión de la palmera canaria incluye la monitorización rigurosa de plagas cuarentenarias, especialmente Rhynchophorus ferrugineus y Paysandisia archon. La poda debe ser mínima y realizarse solo cuando sea estrictamente necesaria, evitando heridas extensas que favorezcan la entrada de plagas y organismos patógenos. El riego debe ser moderado, asegurando un buen drenaje. La fertilización debe ser equilibrada, con atención al magnesio y al potasio. En zonas de riesgo, se recomienda la implementación de programas preventivos de monitorización y tratamiento fitosanitario.
Los productos fitosanitarios requieren Carné de Aplicador o Carné de Técnico Responsable.
Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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