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El fresno pertenece al género Fraxinus spp., integrado en la familia Oleaceae, que incluye cerca de 45–65 especies distribuidas predominantemente por el Hemisferio Norte. Las especies más relevantes en Europa son Fraxinus excelsior L. (fresno común) y Fraxinus angustifolia Vahl (fresno de hoja estrecha), ambas nativas de gran parte de Europa y regiones adyacentes. El género también incluye especies norteamericanas como Fraxinus americana L. y Fraxinus pennsylvanica Marshall, ampliamente utilizadas en arbolado urbano. Los fresnos ocupan hábitats variados, desde bosques de ribera hasta zonas montañosas, y se valoran por su madera de elevada calidad y por su importancia ecológica.
El fresno se aprecia por su madera resistente, elástica y de gran valor comercial, utilizada en mobiliario, carpintería, instrumentos deportivos y aplicaciones estructurales. En arbolado urbano, destaca por su rusticidad y porte elegante. En ecosistemas naturales, desempeña funciones esenciales en la estabilización de márgenes, sombreado y soporte a la biodiversidad. La producción se ha visto afectada en Europa por la enfermedad de la seca del fresno, con un impacto económico significativo.
Árboles caducifolios de porte medio a grande (20–35 m), con copa amplia y tronco recto. Las hojas son opuestas, compuestas, imparipinadas, con 7–15 folíolos lanceolados. Las flores son pequeñas, discretas, frecuentemente sin pétalos, pudiendo ser dioicas o monoicas según la especie. Los frutos son sámaras alargadas, dispersadas por el viento. El sistema radicular es profundo y vigoroso, adaptado a suelos frescos.
Prefiere climas templados, con buena disponibilidad hídrica y suelos profundos, frescos y bien drenados. F. excelsior tolera suelos más húmedos y fríos, mientras que F. angustifolia se adapta mejor a ambientes mediterráneos, con veranos secos. El fresno es sensible a encharcamientos prolongados y a suelos muy compactados. Necesita buena luminosidad para un crecimiento óptimo.
Incluye la selección de especies y procedencias adaptadas al clima local, plantación en suelos profundos y bien drenados, mantenimiento de riego adecuado en fases iniciales, monitoreo de plagas y enfermedades — especialmente H. fraxineus — y podas de formación y seguridad. En arbolado urbano, debe evitarse la compactación del suelo y asegurar una buena disponibilidad hídrica. En masas forestales, se recomienda la diversificación de especies para reducir riesgos sanitarios.
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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