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La palmera datilera (Phoenix dactylifera L.) es una palmera perenne de la familia Arecaceae, cultivada principalmente por sus frutos (dátiles). La especie es originaria de la región del Creciente Fértil y de la Península Arábiga, siendo una de las plantas cultivadas más antiguas del mundo, con registros de domesticación superiores a 5.000 años. Se cultiva ampliamente en zonas áridas y semiáridas del Norte de África, Oriente Medio y Asia Meridional.
La palmera datilera es un cultivo estratégico en regiones áridas, que proporciona alimento, rendimiento económico y productos secundarios (hojas, fibras, madera). Los dátiles se consumen frescos o secos y se utilizan en la industria alimentaria, la confitería y la producción de jarabes. El cultivo tiene además importancia social y ecológica, contribuyendo a la estabilización de oasis y a la agricultura tradicional en zonas desérticas. En algunos países mediterráneos, incluido Portugal (sobre todo el Algarve), se cultiva como especie ornamental.
La palmera datilera es una palmera dioica, con tronco único o múltiple, pudiendo alcanzar 15–25 m de altura. Las hojas son pinnadas, de 3–5 m de longitud, formando una copa densa. Las inflorescencias son grandes espádices protegidos por espatas leñosas; las plantas masculinas producen polen abundante y las femeninas originan racimos de frutos. Los dátiles son drupas alargadas, con pulpa azucarada y una única semilla. El sistema radicular es fasciculado, profundo y altamente tolerante a la salinidad y a la sequía.
La palmera datilera se adapta a climas áridos y semiáridos, con veranos muy calurosos (óptimo por encima de 35 °C) e inviernos suaves. Tolera temperaturas elevadas y baja precipitación, siempre que exista disponibilidad hídrica en el suelo. Prefiere suelos profundos, bien drenados, de textura media a arenosa, tolerando salinidad moderada. El pH ideal se sitúa entre 7,0 y 8,5. La fructificación exige polinización manual en sistemas comerciales y una acumulación térmica elevada.
La gestión de la palmera datilera se basa en la selección de cultivares adaptados al clima local, en el mantenimiento de un buen drenaje y en el riego controlado en regiones áridas. La polinización manual es una práctica común para asegurar la productividad y la calidad de los frutos. El control del picudo rojo de la palmera y del taladro de la palmera es prioritario, exigiendo monitorización continua y medidas preventivas rigurosas. La eliminación de hojas secas y la higiene cultural reducen la presión de plagas y enfermedades. La cosecha se realiza en varias pasadas, según el estadio de maduración deseado (fase intermedia – rutab – o fase final – tamar).
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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