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El mango (Mangifera indica L.), perteneciente a la familia Anacardiaceae, es un frutal tropical originario del Sudeste Asiático, con centro de domesticación en la región que abarca India, Myanmar y Bangladesh. La especie fue domesticada hace más de 4 000 años y se difundió posteriormente a África, Oriente Medio y América a través de rutas comerciales y coloniales. Actualmente, es uno de los frutales tropicales más cultivados del mundo.
El mango se consume ampliamente fresco, procesado (zumos, pulpas, deshidratados, compotas) y se utiliza en la gastronomía y la industria alimentaria. El fruto posee un elevado valor nutricional, siendo rico en vitaminas A y C, fibras y compuestos bioactivos. Los principales productores incluyen India, China, Tailandia, Indonesia, México, Paquistán y Brasil. El comercio internacional abarca frutos frescos, pulpa congelada y productos transformados.
Árbol perenne de gran porte, que puede alcanzar 10–30 m de altura, con copa densa y redondeada. Las hojas son simples, lanceoladas, coriáceas, con coloración que varía del rojo‑bronce (hojas jóvenes) al verde oscuro (hojas adultas). Las inflorescencias son panículas terminales con numerosas flores pequeñas, de coloración amarilla a rosada. El fruto es una drupa carnosa, con epicarpo fino, mesocarpo suculento y endocarpo leñoso que contiene una semilla grande. El sistema radicular es profundo y vigoroso.
El mango se adapta bien a climas tropicales y subtropicales, con temperaturas ideales entre 24–30 °C. Tolera períodos de sequía, siendo sensible a las heladas y a los vientos fuertes. Prefiere suelos profundos, bien drenados, de textura media a ligera, con pH entre 5,5 y 7,5. El exceso de humedad favorece las enfermedades fúngicas y reduce la fructificación. La inducción floral se ve favorecida por un período seco y fresco.
Incluye la elección de cultivares adaptados al clima local, la plantación en suelos bien drenados, la poda de formación y limpieza para mejorar la circulación de aire, la fertilización equilibrada con énfasis en potasio y micronutrientes, y el riego controlado evitando el encharcamiento. La monitorización de antracnosis, oídio y mosca de la fruta es esencial. La inducción floral puede verse favorecida por períodos secos o por técnicas de estrés hídrico controlado. La cosecha debe realizarse en el punto de maduración fisiológica adecuado al destino comercial.
Los productos fitosanitarios requieren Carné de Aplicador o Carné de Técnico Responsable.
Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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