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El tamarindo (Tamarindus indica L.) es una especie arbórea perenne de la familia Fabaceae, subfamilia Caesalpinioideae, cultivada principalmente por sus frutos (vainas de tamarindo), utilizados en la alimentación y en la industria alimentaria. La especie es nativa de las regiones tropicales secas de África, aunque ha sido ampliamente difundida y naturalizada en el Sur de Asia desde hace varios siglos. Actualmente se cultiva en zonas tropicales y subtropicales de África, Asia, América Latina y el Caribe.
El tamarindo es valorado por sus frutos, utilizados como condimento, acidulante natural, ingrediente culinario y materia prima para bebidas, salsas y productos industriales. La pulpa es rica en ácidos orgánicos, azúcares y compuestos bioactivos. Las semillas tienen aplicaciones en la industria alimentaria y farmacéutica (gomas y espesantes). La madera es resistente y se utiliza en carpintería. El árbol es además importante como especie de sombra y para sistemas agroforestales en regiones áridas.
El tamarindo es un árbol de gran porte, que alcanza 12–20 m de altura, con copa amplia y densa. Las hojas son compuestas, paripinnadas, con numerosos folíolos pequeños y oblongos. Las flores son pequeñas, amarillas a rosadas, agrupadas en racimos. Los frutos son vainas indehiscentes, castañas, que contienen una pulpa pegajosa y ácida que envuelve 1–12 semillas duras. El sistema radicular es profundo y bien desarrollado, confiriendo una elevada tolerancia a la sequía.
El tamarindo se adapta a climas tropicales y subtropicales secos, con temperaturas óptimas entre 25 y 35 °C. Tolera largos períodos de sequía y precipitaciones irregulares, pero se beneficia de cierta humedad en el suelo durante la fructificación. Prefiere suelos profundos, bien drenados, de textura media a arenosa, tolerando un pH entre 5,5 y 8,0. Es sensible al encharcamiento y a las heladas. La producción se ve favorecida por la exposición solar plena.
La gestión del tamarindo se basa en la instalación en suelos bien drenados y en la selección de plantas injertadas o de origen controlado. La poda de formación y limpieza mejora la penetración de la luz y reduce la presión de plagas. El riego suplementario durante la floración y fructificación aumenta el rendimiento. La monitorización de la mosca de la fruta es esencial en regiones mediterráneas y tropicales. La eliminación de frutos caídos y la higiene cultural reducen la incidencia de plagas y enfermedades. La cosecha se realiza cuando las vainas alcanzan la maduración fisiológica y la pulpa presenta una textura firme y un sabor característico.
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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