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La nectarina [Prunus persica var. nucipersica (Suckow) C.K. Schneid.] es una variedad botánica del melocotonero caracterizada por la ausencia de pubescencia en la epidermis del fruto. Pertenece a la familia Rosaceae y tiene origen en China, al igual que el melocotonero común. Su difusión hacia Asia Central, Oriente Medio y Europa ocurrió hace varios siglos, siendo actualmente cultivada en regiones templadas y mediterráneas de todo el mundo.
La nectarina es un cultivo de elevada importancia comercial, valorado por el mercado debido a la epidermis lisa, pulpa firme y sabor aromático. En Portugal, se cultiva sobre todo en las regiones de Ribatejo, Oeste y Algarve, integrando huertos modernos de regadío. A nivel internacional, destaca por la fuerte demanda en el mercado fresco, elevada rentabilidad por hectárea y diversidad de cultivares adaptados a diferentes épocas de cosecha.
Árbol de hoja caduca, de porte mediano, con copa redondeada y vigor variable según la cultivar y el portainjerto. Las hojas son lanceoladas, con margen aserrado. Las flores, generalmente rosadas, surgen antes de la brotación foliar. El fruto es una drupa lisa, de color amarillo o rojo, con pulpa blanca o amarilla, pudiendo ser adherente o no al hueso. La ausencia de pubescencia resulta de una mutación genética estable dentro de la especie Prunus persica.
La nectarina se adapta a climas templados y mediterráneos, necesitando un número adecuado de horas de frío invernal (variable entre cultivares). Es sensible a heladas tardías durante la floración. Prefiere suelos profundos, bien drenados, de textura franca a franco-arenosa, con pH entre 6,0 y 7,5. Es exigente en luz y calor para asegurar buena coloración y calidad organoléptica de los frutos. El riego regular es esencial, sobre todo durante el crecimiento de los frutos.
La gestión de la nectarina incluye la elección de cultivares adaptados al clima local y al número de horas de frío disponibles. La poda es esencial para mantener la estructura de la copa, favorecer la entrada de luz y garantizar la renovación de ramas fructíferas. El riego debe ser regular y ajustado a las fases fenológicas, evitando déficits hídricos que comprometen el calibre y la firmeza de los frutos. La fertilización debe ser equilibrada, con atención particular al potasio, importante para la calidad del fruto. El control de plagas y enfermedades exige monitoreo frecuente, especialmente en períodos húmedos y calurosos. La cosecha es manual, realizada cuando los frutos alcanzan coloración y firmeza adecuadas al mercado de destino.
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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