¡DESDE 1994! Somos especialistas en protección de plantas en Agricultura Ecológica y Producción Integrada.
El avellano (Corylus avellana L.) es una especie arbustiva de la familia Betulaceae, ampliamente distribuida en Europa y Asia Occidental. Se considera una de las especies frutícolas más antiguas en uso humano, con registros de consumo de avellanas desde el período prehistórico. La domesticación y la selección varietal se intensificaron sobre todo en la región mediterránea y en Anatolia, donde el cultivo adquirió una gran importancia económica.
El avellano se cultiva principalmente para la producción de avellana, destinada al consumo en fresco, la industria de confitería, la pastelería y la transformación (pasta, aceite, harina). Turquía, Italia y España son los principales productores mundiales. En Portugal, el cultivo tiene presencia sobre todo en el Norte y Centro, en sistemas tradicionales y algunas plantaciones modernas. La demanda internacional ha aumentado debido al uso industrial y al interés por los frutos secos nutricionalmente ricos.
El avellano es un arbusto o un pequeño árbol, generalmente con múltiples troncos, que alcanza 3–6 m de altura. Las hojas son simples, redondeadas, con margen aserrado. La floración es diclina y se produce a finales del invierno: los amentos masculinos son colgantes y evidentes, mientras que las flores femeninas son pequeñas, con estigmas rojos. El fruto es una nuez envuelta por un involucro foliáceo (involucro o “cáliz”). Los cultivares se diferencian por el vigor, el porte, la época de floración, la forma de la avellana y la facilidad de separación del involucro.
El avellano se adapta bien a climas templados y húmedos, necesitando horas de frío para una floración adecuada. Es sensible a las heladas tardías durante la floración. Prefiere suelos profundos, frescos, bien drenados y ricos en materia orgánica, con pH entre 6 y 7. Tolera suelos ligeramente ácidos y presenta buena resistencia a vientos moderados, aunque los vientos fuertes pueden afectar la polinización y la fructificación.
La gestión incluye la elección de cultivares adaptados al clima local y compatibles entre sí para asegurar una polinización cruzada eficaz. La poda busca mantener la estructura en vaso o multitronco, favoreciendo la entrada de luz y la renovación de las ramas frutíferas. La fertilización debe ser equilibrada, con atención al nitrógeno para evitar el exceso vegetativo. El control de malas hierbas es importante en los primeros años. El riego suplementario mejora la fructificación en regiones de veranos secos. La cosecha se realiza cuando los frutos se separan fácilmente del involucro.
Los productos fitosanitarios requieren Carné de Aplicador o Carné de Técnico Responsable.
Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).