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La fresa (Fragaria spp.) pertenece a la familia Rosaceae e incluye diversas especies silvestres y cultivadas. La especie de mayor relevancia agrícola es Fragaria × ananassa Duchesne ex Rozier, resultante del cruce entre F. virginiana Mill. y F. chiloensis (L.) Mill., ocurrido en el siglo XVIII en Europa. El origen del grupo se sitúa en regiones templadas del Hemisferio Norte, con elevada diversidad natural en América del Norte y Europa. La domesticación moderna se intensificó en los Estados Unidos, expandiéndose posteriormente hacia Europa, América del Sur y Asia.
La fresa se utiliza ampliamente para consumo fresco, industria (pulpas, mermeladas, pastelería) y congelación. En Portugal, integra sistemas intensivos en invernadero o túnel, con elevada rentabilidad por área. A nivel internacional, destaca por su elevado valor comercial, fuerte demanda y ciclo productivo corto. Los principales productores incluyen Estados Unidos, México, España, Turquía y Egipto.
Planta herbácea perenne, de crecimiento rastrero y propagación por estolones. Los tallos son cortos, formando una corona basal. Las hojas son compuestas trifoliadas, con margen aserrado. Las flores son blancas, hermafroditas, agrupadas en inflorescencias. El fruto es un pseudofruto carnoso, siendo los aquenios en la superficie los verdaderos frutos. El sistema radicular es superficial, concentrado en los primeros 15–20 cm, sensible a déficits hídricos y al encharcamiento. Existe gran variabilidad entre cultivares en cuanto al vigor, precocidad, firmeza y resistencia a enfermedades.
La fresa se adapta a climas templados, siendo sensible a temperaturas elevadas. La temperatura ideal se sitúa entre 18–25 °C. Prefiere suelos ligeros, bien drenados, ricos en materia orgánica, con pH 5,5–6,5, siendo sensible al encharcamiento y a la salinidad. Requiere riego frecuente y uniforme, especialmente durante la floración y el llenado de los frutos. El uso de acolchado es una práctica común para la conservación de la humedad, el control de malezas y la mejora de la calidad de los frutos.
La gestión incluye la elección de cultivares adaptados al clima local y al sistema de producción, la instalación en suelos bien drenados, la corrección del pH cuando sea necesario y el uso de acolchado. La fertirrigación es esencial para garantizar una nutrición equilibrada. La poda de limpieza y la eliminación de hojas viejas reducen la presión de enfermedades. El monitoreo de Drosophila suzukii y de enfermedades fúngicas es fundamental en períodos húmedos. La cosecha es manual, realizada en varias pasadas, cuando los frutos alcanzan una coloración uniforme y una firmeza adecuada. La fresa es sensible a enfermedades del suelo, por lo que se recomienda la rotación de cultivos.
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Puede utilizar la tarjeta de otra persona, siempre que esta se responsabilice de la aplicación del tratamiento.
Consulte aquí la Ley n.º 26/2013 de 11 de abril (Distribución, venta y aplicación de productos fitofarmacéuticos).
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